La marca personal de su abuela…

Hay conversaciones que nunca ocurrieron, pero que uno imagina de vez en cuando.

Como esa de sentarse con la abuela y preguntarle:

—Abuela, ¿tú sabes qué es una marca personal?

¿Las repuestas? Podrían ser tan únicas como cada abuela…

Y, si somos honestos, es muy probable que muchos de nuestros padres también necesitaran unos minutos para entender exactamente de qué estamos hablando.

Porque la marca personal es un concepto relativamente nuevo. Lo que no es nuevo es aquello que intenta explicar.

Durante la mayor parte de la historia nadie habló de posicionamiento, narrativa, liderazgo de pensamiento o reputación digital. Simplemente existía la reputación.

En cualquier barrio había alguien conocido por ser "el médico honesto", "la profesora más exigente", "el comerciante cumplido" o "la señora que siempre encontraba tiempo para ayudar a los demás". Nadie había diseñado una estrategia para convertirse en eso. Nadie contrató un consultor para definir su propuesta de valor. Su reputación era la consecuencia natural de la manera en que vivían.

Quizás por eso crecimos escuchando frases como "por sus actos los conoceréis" o "dime con quién andas y te diré quién eres". Nunca pensamos que esos dichos populares eran, en realidad, la forma más sencilla de explicar cómo se construye una reputación.

Mucho antes de que existieran LinkedIn, Instagram o TikTok, nuestros abuelos ya entendían que las personas terminaban siendo recordadas por aquello que hacían de manera consistente.

Lo que cambió no fue la reputación.

Lo que cambió fue la memoria.

Y es que antes, nuestra reputación vivía en las conversaciones de la familia, del barrio o de la oficina. Dependía de quienes nos conocían y de quienes podían contar una historia sobre nosotros.

Hoy también vive en internet.

Porque ya no hace falta haberte visto alguna vez para construir una opinión sobre ti. Basta con escribir tu nombre en un buscador, entrar a tus redes sociales, revisar con quién apareces en una fotografía, leer un par de publicaciones o, cada vez con más frecuencia, preguntarle a una inteligencia artificial quién eres.

Lo más curioso es que todavía hay personas que afirman no tener marca personal. Sin entender que: no publicar también comunica. No aparecer también comunica.

Incluso el silencio deja una huella. Y esa es, quizás, la mayor diferencia entre la reputación de nuestros abuelos y la nuestra.

Ellos podían desaparecer de una conversación, nosotros difícilmente desaparecemos de internet. Nuestra huella digital sigue ahí. Crece. Se transforma. Se conecta con otras personas, con otras publicaciones y con otras historias. Incluso cuando dejamos de prestarle atención.

Por eso es que la conversación sobre marca personal suele empezar por el lugar equivocado, y de ninguna manera comienza preguntándonos qué fotografía debemos usar en LinkedIn o cada cuánto deberíamos publicar.

Empieza cuando nos preguntándonos por qué queremos ser recordados.

¿Con qué ideas nos asocian?, ¿En qué tema piensan los demás cuando escuchan nuestro nombre?, ¿Somos reconocidos por aquello que realmente queremos representar o simplemente por lo último que publicamos?

Hace algunos años esas preguntas solo preocupaban a las grandes compañías, a los políticos o a las figuras públicas. Hoy forman parte de la vida de cualquier profesional. Un emprendedor que busca inversionistas, un profesor que quiere ser referente en su disciplina, un médico, un abogado, un ingeniero o un recién graduado que aspira a conseguir su primer empleo.

Todos tenemos una reputación, todos dejamos una huella y todos estamos construyendo una marca personal, incluso quienes creen que no lo están haciendo.

Y, en un mundo donde millones de personas ya no solo buscan en Google, sino que preguntan directamente a modelos de inteligencia artificial, esa huella empieza a adquirir un nuevo significado; Ya no importa únicamente lo que las personas dicen de nosotros.

También importa lo que las máquinas son capaces de encontrar, interpretar y responder cuando alguien pregunta por nuestro nombre.

Es una conversación que apenas comienza. Y, como ocurre con toda transformación tecnológica, las herramientas cambian mucho más rápido que las costumbres.

Seguimos creyendo que la reputación es algo que ocurre fuera de nosotros, cuando en realidad la estamos construyendo todos los días con cada decisión, cada conversación, cada proyecto y cada palabra.

Quizás por eso sigo pensando en esa conversación imaginaria con una abuela, convencida de que para ella la expresión "marca personal" tendría un significado personal, único y profundo. Pero no lo asociaría a lo que ella llamaba “tener buen nombre".

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